Dragonlance: La Guerra de la Lanza

Capítulo 5. 17 de Cosecha de Otoño de 350 d.C

Diario de Gilthanas
¡Por fin hemos llegado! ¡y Caramon vivo de nuevo! Parece que la privación de oxígeno no parece haber hecho mella en las capacidades del gemelo fortachón, de echo, está mejor que nunca. Nos ha venido por un pelo…

El templo de Mishakal parece la respuesta a nuestras plegarias y a las dudas sobre el paradero de los dioses: ¡¡hemos contemplado sin atisbo de duda un auténtico milagro!!

Sin embargo nuestra alegría se torna de nuevo en sombría determinación cuando Goldmoon tiene una visión de la Diosa. Debemos descender a las entrañas perdidas de Xak Tsaroth en busca de los Discos de Mishakal, que permitirán devolver la fe al mundo. Allí nos espera un peligro terrible… tras la visión se desmaya, sobrepasada por los acontecimientos.

En ese momento algo enorme golpea el techo del templo: un enorme dragón negro, responsable de nuestras desgracias, nos ha encontrado. Riverwind reconociendo a la criatura (fue a esta bestia a quien arrebató la Vara), se enfrenta a la bestia, dando tiempo al grupo a retirarse a la cámara interior del templo y desde allí a las catacumbas del templo. Nuestras bravuconadas poco pueden hacer frente a su fétido hálito corrosivo y nuestra única opción es huir hacia abajo…
Tras recorrer los oscuros pasillos y escoltados por los nichos y tumbas de aquellos que fueron enterrados antes del Cataclismo, llegamos a un extraño mecanismo de transporte: un par de enormes marmitas unidas a través de un juego de poleas actúan de ascensor y se sumergen en las profundidades de la ciudad perdida de Xak Tsaroth.

Despachamos sin problema a un par de guardias draconianos que vigilaban el ascensor. Sin embargo nuestra presencia no ha debido pasar desapercibida, ya que poco después 8 draconianos suben por el mecanismo. Tenemos que acabar con ellos, no hay otra opción. No podemos dejar que averigüen nuestra misión ni que portamos la Vara. El combate es rápido y letal, aunque nos pasa factura.

Sabiendo que el descenso en marmita nos llevaría directamente al campamento enemigo, decidimos buscar otras opciones. Afortunadamente, en una sala cercana, encontramos un gran tubo hueco e incrustado en el suelo y que parece comunicar con los niveles inferiores.

Aunque no sabemos donde lleva, parece una alternativa a considerar. Antes de decidirnos, empiezan a salir a borbotones un grupo de enanos gully; estas desdichadas criaturas son las encargadas de subirse en la marmitas superior y permitir a la que está abajo subir con una carga similar.

Logramos obtener algo de información de una de ellas (una tal Bupu, sic…), como que están subyugadas por los “amos”, que tienen un rey (el gran Bulp Fudge I, o algo así…) y que el tubo lleva al territorio de los gully, lo que nos parece más seguro y discreto que el descenso por la marmita.
La bajada por el tubo termina estrellándonos contra unos viejos sacos de harina (que indigno…). Estamos en una antigua posada situada junto a unos pocos edificios ruinosos en una terraza colgada a mitad de altura dentro de una gigantesca caverna. Desde esta terraza discurre un río que se precipita abruptamente formando una cascada de más de 50 metros hasta la base de la cueva, donde se forma un lago. Alrededor del mismo hay varios edificios y también el lugar donde se ancla el dispositivo-ascensor. Parece que divisamos por fin nuestro objetivo.

El cansancio que nos atenaza, el echo de que la mitad del grupo está inconsciente o sin fuerzas y la relativa seguridad de nuestra posición nos lleva a tomar el último descanso antes de lo que seguramente será la batalla final.
Si es verdad que los dioses han vuelto, que guíen nuestros pasos…

Comments

Mu bien! Me alegro de que nuestro príncipe elfo haga sus deberes :).

 
rodiyor peivol

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